jueves, 17 de septiembre de 2009

Muse en Q Magazine



Matt Bellamy se enfrenta a Q con un aperitivo del bar del hotel en sus manos y la palabra "asesinato" en sus ojos. El líder de Muse recrea brutalmente la muerte de un pollo con ayuda de un colín. "Lo que haces es levantar el pico hacia arriba y partir el cuello hacia atrás", dice, rompiendo el colín a lo que sería la altura del cuello del pollo. "Pero lo importante es sentirlo. Estás matando a un animal. Para comértelo".

Bellamy hizo esto por primera vez en casa, en Devon, a finales del año pasado. Había "rescatado" muchas aves de una granja intensiva local que ya no las quería y les dió "mejor vida". Luego, el día de Navidad, mató a dos y las cocinó para comerlas a mediodía, para su madre, su novia y otros miembros de la familia.

"Hay algo de culpabilidad", dice, como pensando que el ser humano debe matar para sobrevivir. "Pero no creo que se pueda dejar toda la responsabilidad en manos de las cadenas de supermercados. Matar a tus propios animales te conecta con la vida real y todos podríamos apañarnos así. Podría ser importante".

Sentado en un sofá con su "pollo muerto", Bellamy exuda un aire mezcla de auténtico gourmet a lo Hugh Fearnley-Whittingstall y carroñero apocalíptico. Además de contar con aves de corral, su casa de Devon también es "autosuficiente en verduras y hortalizas en un 30-40%", ya que el cantante las cultiva en un huerto al lado de su casa. Todo esto forma parte de lo que él llama "prepararse". Dado que atravesamos tiempos de desinterés ecológico, amenazas terroristas, crisis financiera y pánico pandémico, quién le puede culpar por ello?

Hace poco, la incomodidad geopolítica de Bellamy se hizo tan insoportable que decidió tomar medidas más extremas. Pensando que la comida enlatada duraría dos años, fue a su tienda local habitual y compró todas las existencias de alubias, 50 latas en total. Después se fue a una ferretería y se compró un hacha.

"Leí en alguna parte que iba a haber un bloqueo de siete días y que el Reino Unido se quedaría sin petróleo", dice, muy serio. "Otros siete días y nos quedaríamos sin comida. Por eso compré las alubias. El hacha era para cortar leña".

La novia de Bellamy, con la que tiene una relación ya muy duradera, es psicóloga. Cuando descubrió lo que estaba haciendo, le urgió a que por favor tomara una perspectiva más racional. La gota que colmó el vaso fue cuando pensó en comprar una ballesta.

"Es italiana. Allí ya lo han visto todo, no? El Imperio Romano llegó y se acabó. Ella se toma la política y la historia de forma más relajada. Pero a mi a veces me parece todo tan oscuro, sobre todo en el Reino Unido. Estamos en una isla y somos vulnerables".

Afortunadamente, las habilidades de supervivencia de Bellamy no son necesarias hoy día. Estamos sentados en el bar de la azotea del Hotel de Las Letras de Madrid. Corre una brisa relajante. El sol quema a 34 grados. En la mesa de enfrente hay un aperitivo de jamón de primera calidad, suculenta tortilla y exquisitos pastelitos, ninguno de los cuales hemos matado ni cultivado nosotros mismos. Sin embargo, la juvenil cara de Bellamy se ve arrugada y pálida. Se desploma en el sofá buscando apoyo, vestido con pantalones de pana negros y una camiseta verde en la que se lee "Death For Fun" (muerte por diversión). Esta languidez no se debe enteramente al apocalipsis inminente. Llegó de Oslo en un vuelo de madrugada y salió de copas. No es bebedor habitual, y después de siete vodkas con tónica, le sorprendió encontrarse bailando al ritmo de los Jacksons en la pista de baile. Esta mañana se despertó y vomitó antes de levantarse para nuestra entrevista.



"Es el disco nuevo", dice. "He estado por toda Europa esta semana hablando de él. Es un tema muy denso y pesado. Necesitaba un descanso. El vodka y los Jacksons lo fueron, pero ahora me están pasando factura".

Pocas bandas han abrazado la tarea de poner banda sonora al fin del mundo con tanta fruición como Muse. Durante años fueron una banda de rock más o menos de culto, cuya habilidad para crear éxitos radiofónicos les ayudó a mantener bajo control sus florituras prog y operísticas.

Todo eso cambió con su cuarto álbum, Black Holes and Revelations, 2006, una obra barroca, de un portentoso estilo prog-disco-metal. Ese disco les vió lanzarse a los brazos de todo aquello que fuera épico, histriónico y en ocasiones rock afectado, rizar el rizo. Los directos no eran menos contenidos, y menos sus dos conciertos en el estadio de Wembley, en 2007, que marcaron un hito en su carrera: un total ataque sensorial de luces al estilo NASA, enormes pantallas de video, y bailarinas colgando de gigantescos globos.



Es típico de Bellamy decir que los conciertos fueron "un poco comprometidos", señalando que querían que un helicóptero volara por encima del público, con acróbatas bajando por unas cuerdas, hasta que Salud y Seguridad pusieron fin a esa historia.

The Resistance supera éso con creces por su grandiosidad. Futurista, operístico... este disco es posiblemente una locura. Es el disco de una banda que cruza alegremente la línea entre lo convencional y la locura. En él se incluyen una orquesta, sonidos de combate aéreo, uñas de llama que simulan el sonido de las pezuñas de un camello, y una sinfonía de quince minutos en la forma de Exogenesis, la canción final.

"Quería que The Resistance fuera la culminación de todo lo que conocemos en música", dice Bellamy. "Todos los estilos que hemos tocado, todas las ideas que hemos tenido".

Dado su gusto por las declaraciones monumentales, no sorprende que haya un hilo narrativo conceptual en The Resistance. Enfrentando un romance microcósmico y temas más serios de confusión socio-política y fatalidad inminente, abarca tensiones sociales a gran escala (Uprising, la canción que abre el álbum), el surgimiento de un superpoder geo-estratégico imaginario (United States of Eurasia), y el abandono eventual del planeta (Exogenesis). Es George Orwell con banda sonora de Queen, o el American Idiot de Green Day si los protagonistas hubieran acabado en Marte.

El rimbombante tema de las letras se debe enteramente a Bellamy. Devoto confeso de muchas teorías de conspiración, parece que ha descargado su actual lista de lecturas directamente a su mesa de mezclas. En este momento entre sus libros favoritos se encuentran The 12th Planet de Zecharia Sitchin, que examina la posibilidad de que la vida humana fuera creada genéticamente por extraterrestres hace miles de años; The Grand Chessboard, del anterior Consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Zbigniew Brzenzinski, que confirma los planes americanos de anexionarse la riqueza mineral del continente de Eurasia y así asegurar el dominio de Estados Unidos durante los próximos cien años; y Confessions Of An Economic Hit Man, un relato de John Perkins sobre los intentos norteamericanos de estafar a los estados ricos en minerales desestabilizando gobiernos.



Bajo el sol abrasador, Bellamy se pone unas gafas de sol Prada que le dan una apariencia de estrella de rock muy cool. Con su habitual verborrea y su risa chillona de maníaco, parece un profesor chiflado que ha probado en si mismo una de sus pociones. Q le comenta que The Resistance suena como la última transmisión de un planeta desesperado.

"No", dice con cuidado, procurando no perturbar la resaca que lleva encima. "Desafiante. Un planeta desafiante. Podemos contraatacar. Y lo haremos. Pero se supone que The Resistance no trata tanto el tema de la conspiración y de lo fantástico, sino más bien lo racional y real. Es esperanzador y positivo. He pasado por periodos en los que me sentía bastante paranoico acerca del mundo, pero también creo en el poder de la gente y sus ganas de cambiar las cosas. Hay una historia de amor que lucha contra intereses malvados. El último álbum parecía oscuro, enfadado. Este va de resistir el corporativismo".

Muse llevan luchando contra una especie de retaguardia desde que se conocieron de adolescentes, a principios de los 90, en Teignmouth, tierra baldía para el rock. En aquel entonces, Bellamy, el batería Dom Howard y el bajista Chris Wolstenholme estudiaban en las escuelas locales de Teignmouth y Coombeshead, y eran miembros de bandas distintas. Lo que tenían en común era que ninguno de ellos quería sonar como Nirvana.

"Estar en un grupo de rock fue un acto de rebelión en aquel momento", recuerda Howard. "Todos hacían dance y rap, y en el mundillo del rock eran muy reacios a probar nuevas ideas".

Bellamy y Howard tienen aspecto de jóvenes alternativos; delgados y de rasgos agraciados, se parecen de manera asombrosa. Wolstenholme es más alto y fuerte. De lejos parecen dos agentes inmobiliarios vestidos a la moda y el mozo de mudanzas.

Cuando Q se encuentra con Wolstenholme para tomar un café mañanero, está claro que no le estimulan las preocupaciones apocalípticas. "El hombre del pitillo" sería su tarjeta de presentación. Lleva tatuados los nombres de sus hijos en los brazos y la espalda. Le gusta ir a los partidos de amado Rotherham United (nació allí). Puedes imaginarte fácilmente ir con él a tomar una cerveza, y en ningún momento de la noche intentaría convencerte de que la CIA se ha hecho con todas las cortezas de cerdo. Es muy curioso que inicialmente fuera el batería de un grupo de Teingmouth que hacía covers, llamado Fixed Penalty. Acabaron echándole porque le gustaban Status Quo. "Éramos una mierda", dice en tono afable, encogiéndose de hombros. "Todos querían ser Nirvana. No había nada interesante".

La familia de Dom Howard se mudó a Devon desde Stockport después de que su padre consiguiera trabajo como sastre del obispo. Anticipándose a la filosofía musera, formó una banda llamada Gothic Plague. Al mismo tiempo, Bellamy, cuya familia se había mudado desde Cambridge, aprendía a tocar la guitarra en un grupo llamado Carnage Mayhem. "Mi grupo era mejor, y por eso Matt dejó el suyo para unirse al mío", dice Howard.

Bellamy insistía en que Gothic Plague debía componer sus propias canciones. Los otros miembros dejaron el grupo. Bellamy, anteriormente guitarrista, se convirtió en cantante y letrista. "En realidad no quería", dice. "No pudimos encontrar a otro. Siempre he tenido la sensación de ser un líder reacio a serlo".

Pronto les siguió Wolstenholme, y sólo cuando se juntaron descubrieron el factor común: eran intrusos en el pueblo. "No diría que era una actitud reaccionaria, pero la gente diría, no eres de aquí, no?", dice Bellamy. "No puede ser una mera coincidencia que formáramos una banda de inadaptados".

No fue todo viento en popa. Wolstenholme recuerda un concierto en el Cavern Club de Exeter, donde Bellamy apenas podía establecer contacto visual con el público y mascullaba las letras de las canciones. Después, el ingeniero de sonido les dijo a Howard y a Wolstenholme que buscaran a otro cantante. Esta crítica causó un efecto extraordinario. "En el siguiente concierto, Matt abrió la boca y fue increíble el sonido que emitió, potente y claro. Es como si se hubiera ido a casa y hubiera pensado, 'Vale, cabrones, os vais a enterar'".

En muchos aspectos, Bellamy es una estrella de rock poco convencional. Por una parte, es educado y modesto, apocado, autocrítico. Por otra, es de una inteligencia neurótica que persigue constantemente descifrarlo todo. "Mi madre dice que siempre necesité una explicación, un porqué de las cosas", dice. "Cuando tenía cuatro o cinco años y estaba aprendiendo a escribir, dice que solía tirar el bolígrafo al suelo y gritar, 'Pero por qué?!'. Quiero descubrir los motivos y los beneficiarios de las cosas que pasan. Como la religión católica. Trata de Dios? No. Me da que se trata más de poder, dinero y abuso de menores".

Cuando su floreciente talento musical le hizo candidato primordial al papel de líder, sentía que no tenía nada propio que aportar a sus canciones, alegando que nadie pensaría que fuera interesante. Por eso recurrió a los libros y a las teorías como material.



"Normalmente Matt me pasa los libros de conspiraciones que lee cuando los acaba", dice Howard. "Creo que todos sabemos que el mundo funciona de maneras muy extrañas. No es simple paranoia. Creo que Matt escribe de una manera muy personal. No es un dogma. Se le da muy bien imaginar a gente real en situaciones surrealistas".

Wolstenholme, sin embargo, no tenía ni idea de qué iba United States of Eurasia hasta que se metió en la cabina del estudio a grabar los coros. "Son cosas de Matt", dice, áspero. "Mientras no ofenda a nadie...". Pero a veces todavía se queda perplejo. Hay una canción en el nuevo álbum titulada Unnatural Selection, que Wolstenholme cree que puede referirse a la idea de que la Familia Real británica son en realidad descendientes de lagartos gigantes, una teoría propuesta por el anteriormente experto en fútbol y posteriormente teorizador David Icke, entre otros.

Hay, dice Bellamy, muchos factores que han formado su visión del mundo, uno de los cuales es el West Country, propiamente. El cantante sugiere que Devon y Cornwall se han convertido en gigantescos refugios nucleares a lo largo del tiempo.

"Durante la Guerra Fría mucha gente se mudó allí porque preveían que las grandes ciudades serían atacadas por una bomba nuclear", dice. "Hay una fuerte sensación de querer escapar de lo establecido entre algunos de allí. Estamos aislados, solos. Puede que todo eso se manifieste en lo que hacemos".

Y luego están las setas mágicas. El cantante ahora rehuye de las drogas duras, pero los alucinógenos jugaron su papel en dar forma a la visión adolescente de Matt Bellamy. "Tomé setas cuatro o cinco veces cuando tenía catorce o quince años", afirma. "Puedes conseguir unas setas muy buenas en Dartmoor. Mirar los árboles y la naturaleza bajo sus efectos es increíble. Es la conciencia total, intensificada. Y piensas, si el mundo puede parecer tan distinto, entonces la percepción que tenemos es artificial. Estuve a un par de "viajes" de convertirme en John Lennon y sentarme en la cama desnudo, hablando de la paz mundial".

A principios de este año, Wolstenholme estaba de vuelta en Teignmouth, haciendo limpieza en un viejo garaje que usa como almacén. En él encontró una caja con cintas de video. En una de ellas había grabado un concierto de Muse en el Cavern Club de Exeter. Lo vió y estaba a punto de apagarlo cuando apareció una granulada grabación de Wolstenholme y Bellamy, sentados en la antigua mesa de la cocina, con catorce años, discutiendo sobre el significado de la vida. "Estuvimos sentados ahí toda la noche, grabándolo", recuerda el bajista. "Creo que Matt casi llegó a descubrir el significado último, pero se acabó la cinta, una pena".



Las once de la mañana de un día laborable, y medio Milán parece estar pasando el rato sentados en las terrazas de los cafés. Dentro del oscuro y envejecido edificio que alberga el estudio Officina Mecanique, el ambiente es menos relajado. Matt Bellamy y Dom Howard están aquí para supervisar una de las sesiones finales de grabación de The Resistance. Se les unen 23 miembros de entre los mejores músicos clásicos de Milán, que ojean papeles con esa clase de escritura que sólo los músicos clásicos pueden entender. Mientras tanto, los técnicos se están peleando con la mesa de mezclas, de cien pistas, para intentar reiniciarla, porque acaba de estropearse, en parte porque Bellamy y compañía tratan de mezclar los solos de guitarra y batería, el piano clásico y las impresionantes armonías al estilo Queen a través de ella.

Mientras esperamos, una joven que toca la viola se acerca a Bellamy para perdirle un autógrafo. Más acostumbrada quizás al ambiente de concierto clásico, parece genuinamente emocionada por tocar con una banda de rock. Q le pregunta si en particular es fan de Muse, y dice que sí, y añade, "Y muchas veces también tocamos música de compositores... cómo se dice?... muertos".

Los compositores muertos son un tema cercano a Matt. Al igual que en su casa de Devon, también vive en una casa de campo al lado del Lago de Como, al norte de Milán, en la cual vivió el compositor decimonónico Vincenzo Bellini. El cantante se ha empapado de estas influencias; se puede incluso distinguir cómo se insinúa el aria Casta Diva en United States of Eurasia. Pero su relación con los fantasmas del mundo clásico va más allá. Cuando se sienta al piano por la noche a tocar Chopin, dice que a veces siente como si el gran pianista estuviera con él allí de verdad.

"Mi novia dice que esto es una experiencia esquizoide leve", dice. "Racionalmente, sé que no está ahí, pero puede resultar bastante espeluznante sabiendo que estás tocando algo compuesto siglos antes".

Esta influencia clásica sobrenatural se ha colado en The Resistance. Hoy, la orquesta añadirá unas cuerdas de sabor árabe a United States of Eurasia, una canción concebida en una escala épica incluso para el estándar de Muse. Un llamamiento a la unión del continente euroasiático, que se extiende desde Portugal al oeste, hasta Japón en el este. Se desarrolla como un falso himno nacional y culmina con una sonata de piano sombría de Chopin, llamada Collateral Damage. Sólo Muse podrían componer una banda sonora para el surgimiento y la caída de un imperio ficticio en cuatro minutos. A la vez que suena, los altavoces explotan con los gritos de guerra, "Eurassssia!".

"No todo el mundo pilla el lado Monty Python de nuestra música, pero está ahí", dice Howard. "Hay algunas ideas serias, pero muchos de los acompañamientos musicales y florituras están hechas con un espíritu de diversión. A menudo nos echamos a reír cuando grabamos".

El mismo Bellamy ha compuesto la música, aunque hoy es la directora de la orquesta, Audrey Riley, quien va de la sala de sonido a la mesa de grabación para asegurarse de que las notas están interpretadas correctamente. Ha tenido apenas cinco minutos para leer la partitura antes de grabar. Bellamy se balancea todo emocionado en la mesa de mezclas, elegantemente vestido con pantalones grises a cuadros, botas Chelsea y pelo multi-direccional. Riley dice que la fantasmagórica sección de cuerdas tiene "un aire Mahler". Si Bellamy se siente halagado por la comparación con el compositor sinfónico decimonónico, desde luego no lo aparenta; prefiere mordisquear su sandwich de queso mientras toma notas en la partitura. The Resistance cuenta con muchas florituras clásicas, por no decir Exogenesis, el culmen, un tema que describe a la población abandonando el planeta para siempre, mientras Bellamy suplica lastimero: "You must save us all!" ("debes salvarnos a todos!").

"Me imagino el momento cuando la gente, o quizá sólo fragmentos de ADN humano sean enviados a Marte o a otra parte para empezar de nuevo", explica. "Pero la teoría de la exogénesis en realidad explora la idea de que evolucionamos en otro planeta y más tarde vinimos a éste".

Hay asuntos de familia sin terminar aquí. El padre de Bellamy, George, era el guitarrista de la banda de los 60 The Tornados, que consiguieron un éxito internacional enorme con Telstar, canción que toma el nombre a partir del novedoso satélite de telecomunicaciones lanzado en julio de 1962. Producida por el torturado visionario Joe Meek, se convirtió en el primer número 1 británico de las listas americanas. Pero el momento de gloria de The Tornados fue efímero y George Bellamy dejó el mundo de la música y se hizo fontanero.

"Es algo que siempre he pensado", dice Bellamy Jr. "Es espeluznante. Antes de que mis padres se separaran, la colección de discos de mi padre fue una gran fuente de inspiración. Hicieron una canción sobre un satélite, que fue una noticia importantísima en aquel momento. Cincuenta años después estamos discutiendo sobre la colonización extraterrestre y no parece algo tan lejano. El hecho de que en la NASA estén hablando de un aterrizaje en Marte significa que todos aquellos programas de ciencia-ficción de los años 60 ahora se han convertido en auténtica ciencia".

La tarde avanza y mientras la orquesta toca, el oído de Bellamy, como si de un perro se tratara, parece registrar fallos en el sonido que los meros mortales no podemos oír. Esta noche conducirán durante noventa minutos hacia el estudio de Como que Bellamy ha bautizado como Studio Bellini. El ingeniero Mark "Spike" Stent se encontrará allí con ellos para mezclar la sesión de hoy.

"Es un sitio bonito", dice, nostálgico. "Liszt y Chopin compusieron allí. Y se supone que Winston Churchill descansó allí un par de semanas de la Segunda Guerra Mundial, para pintar, también". "Bonito lago, bonita casa", añade Howard con una risita. "Es un buen sitio para imaginarse un cataclismo a lo 1984".

Matt Bellamy se ha establecido como agitador de masas contra un siniestro y omnipotente "ellos". Pero Muse nunca han apoyado abiertamente ninguna causa política, algo inusual para una banda que toca en estadios de primera. ¿Qué es lo que defienden, exactamente? De vuelta a la azotea de Madrid, Q ofrece a Bellamy algunas asociaciones aleatorias de grupos de rock. U2: condonar la deuda mundial. Coldplay: come plátanos de comercio justo. Radiohead: recicla. ¿Y Muse, qué? La respuesta es sorprendentemente prosaica.

"No he querido apoyar ninguna causa como Bono o Chris Martin", dice. "Hacen un gran trabajo, pero no se me da bien la atención de forma natural. Creo que parecería un idiota como portavoz. Pero me haría feliz que una canción como Uprising se asociara con una campaña para la reforma de la Cámara de los Lores. Es increíble que, en la era de internet, la segunda cámara no tenga posibilidad de elección. Así que, sí... reforma constitucional".

Mientras veo reflejados dos soles gemelos en sus gafas de sol, Bellamy empieza a parecerse a una forma de vida intergaláctica, es decir, alguien que quiere encontrar a su manager para que envíe a alguien a por Nurofen Plus.

Pero está claro que hablar de un solo tema político no va con él. Es más bien la percepción de la crisis humana lo que le preocupa y le inspira. "Nuestra generación no ha sido probada de la misma manera en que lo fueron las generaciones que vivieron tiempos de guerra", dice. "A veces siento que lo hemos tenido todo demasiado fácil. Mi abuela tiene 97 años y solía acaparar comida (para los tiempos de crisis). Ella sabía cosas que nosotros no sabemos. El concepto de resistencia era auténtico en su generación, y lo debería ser en la nuestra".

Puede que Matt Bellamy no esté muy seguro del futuro del mundo a largo plazo, pero tiene planes para la trayectoria de Muse a medio plazo. Hay en proyecto, dice, otro concepto de épica para los conciertos. Los directores artísticos de ópera son muy buenos a la hora de crear lo que él llama "un mundo totalitario multi-plataforma". Tiene un tufillo a fatalidad y apocalipsis, pero la visión que tiene Bellamy de la conflagración mundial será muy divertida. "No se trata de una lucha denodada por la supervivencia", apunta. "Se trata de una resistencia a la que te alegrarás de haberte unido".

La entrevista ha terminado. Está listo para encontrarse con miembros del equipo de managers de Muse y hablar de reclutar "agentes secretos" para una búsqueda global por internet de un tesoro que incluye una serie de USBs ocultos que contienen pistas parciales que permitirán descargarse gratis United States of Eurasia. Más tarde, se reunirá con los otros miembros de la banda para cenar. Pero ha sido un día largo. Con toda probabilidad, en esta ocasión sí que habrán matado la comida por él.

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Conspiración a-go-go!

Las conspiraciones favoritas de Matt Bellamy: verdad o mentira? El experto en conspiraciones de Fortean Times, Robin Ramsay, lo revela todo. Preparad sombreros de papel de aluminio.

América gobierna el mundo en secreto! Parte 1

La teoría: Estados Unidos pretende tomar el control de Eurasia para mantener su dominio como potencia mundial.

Robin Ramsay: La economía estadounidense se va por el retrete. Bellamy no se ha dado cuenta de que ni siquiera pudieron evitar el golpe de estado socialista de Hugo Chávez en Venezuela.

George Bush estuvo detrás del 11 de Septiembre!

La teoría: Los atentados contra el World Trade Center fueron un trabajo interno del gobierno americano para facilitar la guerra antiterrorista.

RR: ¿Dónde está la prueba? Hay millones de webs que repiten una y otra vez la misma historia, y ninguna de ellas tiene prueba alguna. Esto supone que al gobierno se le atribuye una enorme habilidad. ¿Por qué al-Qaeda nunca lo negó?

Somos esclavos de los alienígenas!

La teoría: Los humanos fuimos creados genéticamente como esclavos de los extraterrestres, cuyo planeta entra en nuestro sistema solar cada 3600 años.

RR: Vamos tío, todavía no hay una sola prueba decente de la existencia de extraterrestres, y menos aún de alienígenas que compartan genes con los monos. Esto es ficción. O facción. A principios de los años 70, después de mucha droga, me podría haber echado muchas risas con todo esto.

América gobierna el mundo en secreto! Parte 2

La teoría: El gobierno de Estados Unidos ha desestabilizado secretamente la economía de los países en vía de desarrollo para controlar su riqueza. Ver: Confessions Of An Economic Hit Man, de John Perkins.

RR: Esto puede que sea verdad. Los críticos más izquierdosos con el imperialismo estadounidense siempre han sabido todo esto desde hace cuarenta años. Pero el autor cita cosas de conversaciones que mantuvo hace cuarenta años al pie de la letra. ¿Tú podrías?

La Reina es una lagarta!

La teoría: La Reina y la mayoría de líderes mundiales provienen de una especie de reptiles mutantes del sistema estelar Alpha Draconis.

RR: Esta es la teoría de David Icke. Por lo visto se lo dijo un chamán. Otro gilipollas que no reconocería las pruebas si le mordieran.

Traducción: Museabuse

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