lunes, 4 de enero de 2010

Nirvana - Live at Reading (Crítica)



Pocos registros en directo logran captar un momento irrepetible en el tiempo, un instante fundamental para entender la música moderna, una fotografía de una etapa que no vuelve. Este nuevo lanzamiento de Nirvana constituye un hito dentro de la vorágine que ocasionó este trío norteamericano dentro del virtuosismo, desgano, desprendimiento y dolor de un líder que no quería ser reconocido.

En 1992, Kurt Cobain tenía dos opciones: convertirse en un “Bono con cara sucia” que defienda a los animales de los maltratos o promueva el uso de preservativos para evitar el sida, o ser un nuevo “Michael Stipe asexuado”, pero atractivo, que sirviera como referente de los nuevos “poetas malditos”; lindo, pero oscuro; interesante, pero mórbido. Finalmente, ninguna opción interesaba a Cobain, quien violentado en su hábitat natural, decidió ponerle fuerza a su guitarra y destrozar cada oído que se le cruzaba en frente.

El poder que tiene encerrado este DVD (también presentado en CD) es inmenso, una muestra sólida de lo que siempre quiso conseguir el rock a lo largo de su historia: juventud, atrevimiento, humanidad al rojo vivo y hasta ternura. Ver a Kurt Cobain aparecer en silla de ruedas y sujetarse luego a una guitarra es enaltecedor, como una prueba más de ese ser humano que estaba a punto de convertirse en leyenda.

La noche del 30 de agosto de 1992 (fecha en que se registró dicha producción), bastaba con tres tipos ecualizados en la misma frecuencia y miles de inyectados fans para obtener un concierto épico. Tras escuchar a Krist Novoselic decir en los parlantes “esto va a ser duro, pero con ayuda de sus amigos y su familia lo superará”, aparece Cobain en una silla de ruedas, ironizando sobre su estado de salud, vestido como un enfermo mental. La noche prometía inmensas dosis de ira y una secreta venganza mediática.

Uno de los mejores conciertos de rock de la historia

La selección de hits estaba presente, incluso con “Smells Like Teen Spirit”, que sonó desganada pero aún así atractiva; “Polly”, “Lithium”, “Sliver”, “Come as You Are”y “Territorial Pissings” fueron algunas de las joyas de este bizarro concierto, en donde la mayoría de los presentes no podía creer que Nirvana iba a cumplir con su compromiso esa noche, ya que los rumores de cancelación crecían y, tras varios devaneos, el trío se apoderó de uno de los festivales más grandes del Reino Unido.

Este show ha sido catalogado por la prestigiosa revista británica Q como el segundo mejor concierto de rock de la historia, galardón para una noche en la que el genio demostró sin esforzarse que era distinto, que a pesar de su conducta malcriada con los medios y los fans existía el hombre capaz de emocionarse, a tal punto de pedir a los miles en el público cantarle el “cumpleaños feliz” a su mujer, Courtney Love, demostrando ser el tipo común que sin querer se convirtió en el Dios de miles de confundidos adolescentes.

BURNAGE

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